De poquito en poquito se llena el vasito
- Pablo Bustamante CR
- hace 3 días
- 2 Min. de lectura
Aprovechando que tenemos un lugar cerca de la casa en donde se dan clases de pintura de cerámica, y también de que se venía la época navideña, mi novia me convenció de que compráramos unas figuras del Cascanueces y fuéramos a pintarlas, y así lo hicimos, no obstante teníamos el inconveniente de que el horario de apertura del local chocaba con el del trabajo de mi novia, por lo que costaba que pudiéramos asistir durante periodos prolongados y ella no quería asistir por aunque fuera 30 minutos. Si bien es cierto que al final cumplimos nuestra meta y terminamos de pintar los Cascanueces antes de Navidad, lo hubiéramos hecho mucho antes si hubiéramos asistido por pequeños ratos en vez de buscar tener la disponibilidad de ir por lapsos más prolongados.

¿Cuál es el problema? Que le llevamos la contraria a la naturaleza
Pensemos en nuestros ancestros de las cavernas. Ellos vivían un carpe diem extremo en el cual cada día se trataba de supervivencia, la comida se tenía que cazar cada día y no se sabía si iban a vivir un día más porque en la noche se los podía comer un tigre dientes de sable, por lo tanto la espera y la previsión del futuro se podría decir que no está en nuestro ADN, no nos es natural.
Como si no fuera suficiente, la evolución del hombre causó un segundo "inconveniente": el ser humano ha disminuido (y esto es lo que digo que sí es nuestra culpa) la necesidad de esperar al crear dispositivos que cada vez aceleran el tiempo requerido para obtener un resultado. Es maravilloso, sí, el ya no tener que esperar el bus, chupar presas, llegar hasta la biblioteca y topar con la buena suerte de que el libro que uno espera que tenga la información que uno busca esté; en vez de eso basta con sacar nuestra cajita mágica del bolsillo, tocar su pantalla un par de veces y ya tenemos toda la información que necesitábamos y muchísimo más, esto hace que las generaciones más jóvenes tengan todavía más dificultad para no obtener un resultado inmediato.
Ahora, la naturaleza es totalmente lo opuesto, todo toma su tiempo. El cambio de estaciones toma meses, una planta no florece de un día para otro, ni siquiera un bebé se gesta en menos de casi un año entero, y eso que estos ejemplos son únicamente las cosas que uno percibe, nuestra idea del tiempo es ínfima, no logramos concebir ni siquiera 1 millón de años y la Tierra ha vivido miles de estos millones de años.
¿Qué podemos hacer entonces?
Esperar. Insistir. No renunciar. Nunca hay que cometer la equivocación de menospreciar el impacto que puede tener una acción pequeña, pero constante, en la persecución de un objetivo. La determinación, la jodedera a la vida pagan, eventualmente se alcanza lo que se busca, solamente hay que aprender a ser paciente, a darle tiempo al tiempo. Hay que ser como esa gota de agua que cae sobre la roca durante años, cada vez creando una erosión milimétrica, hasta que se logra atravesar la piedra.




Comentarios